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manejo finanzas

Escrito por:

ANDRÉS M. MORA C. 
Jefe Departamento de Finanzas – Universidad EAFIT 
 
Si la adecuada gestión de las finanzas personales es importante en todas las etapas de la vida, en momentos y situaciones complejas y disruptivas, como la que atravesamos, cobra aun más relevancia. Es precisamente ahora cuando podemos recoger los frutos de una buena salud financiera, o, entender su necesidad y aprovechar para hacer cambios que, no solamente ayudarán a sobrellevar la crisis, sino que además nos beneficiarán por el resto de la vida. Y es en estas situaciones cuando vemos que sí que es verdad que cada crisis y cada problema representa oportunidades maravillosas.
 
En medio de la cuarentena he recibido, desde varios frentes, diversas solicitudes que al final parecen apuntarle a la misma pregunta: ¿Qué recomendaciones daría usted, con respecto al manejo de las finanzas personales, durante la problemática de la pandemia? Esta pregunta he tratado de responderla a personas naturales, familias, algunas empresas en charlas virtuales, y excelentes periodistas que generan notas de prensa en las que desarrollan la noticia y consolidan la información. Sin embargo, luego de estar en contacto con Desarrollo de Empleados de la Universidad en la que felizmente trabajo hace casi dos décadas, EAFIT, siento no solo la responsabilidad social, sino también toda la motivación, por resumir y compartir algunas recomendaciones y reflexiones en este sentido, para que nuestra comunidad eafitense, y cualquier persona a la que llegue este escrito, apropie aquellas que considere útiles y aplicables.
 
Uno de los mensajes más claros que personalmente me han dejado las consecuencias del Coronavirus es el llamado a la solidaridad, entre otros muchos valores como la ética, la empatía y la resiliencia, que socialmente están adquiriendo, o recuperando, el valor y la jerarquía que tal vez habían perdido en medio de afanes individualistas y pregones colectivos. Así que, si podemos ayudar a una sola persona con alguna de las siguientes recomendaciones, me sentiré feliz de aportar. 
 
Para hacer la lectura un poco menos aburrida y compleja, voy a listar las recomendaciones y reflexiones en viñetas, sin muchos tecnicismos financieros y en un lenguaje sencillo, pero desarrolladas de la manera más completa posible.
 
  •  Para empezar, es preciso aclarar que no todos se ven afectados, financieramente, de la misma manera. Es posible, por el tipo de contrato laboral, sector, producto/servicio, u otras variables, que usted no vea afectado su ingreso. Es también factible que su ingreso no desaparezca pero que sí disminuya. O es incluso posible que algunas personas simplemente dejen de percibir, por lo menos temporalmente, su ingreso. De ahí que algunas de las recomendaciones dependen del grupo al que usted pertenezca. Determinar esto para cada miembro de la familia con ingresos es vital, pues parte en dos la historia del manejo de las finanzas personales en la actual coyuntura. Debemos preguntarnos entonces, ¿se va a afectar el ingreso personal o familiar con la cuarentena y otros efectos del virus?  Así como algunos tienen el privilegio de trabajar desde casa y de seguir percibiendo un salario o recibiendo un ingreso, es posible que algún miembro de la familia, que aporta a los ingresos grupales, tenga una entrada que dependa de que pueda realizar una determinada labor, prestar un servicio específico, cumplir con un contrato, continuar con las operaciones de su emprendimiento, tener abierto su local, ejecutar su obra, etc. 
 
  • Si su ingreso no se vio afectado, la primera recomendación, no solo por salud financiera, sino por bienestar social, es que usted no suspenda, ni aplace, ni difiera, ni negocie sus obligaciones y gastos. Si usted sigue percibiendo su ingreso sin modificaciones, continúe pagando sus obligaciones de la misma manera. Primero, porque de aplazarlas incurre en el enorme riesgo de dar destinos diferentes al dinero que no paga y salir de la pandemia con otra crisis, ya no de salud sino financiera y, segundo, recuerde que hay independientes, emprendedores, arrendadores, empresas y otras instituciones, que dependen de sus pagos para poder subsistir o, incluso, pagar a sus empleados y otros proveedores. Así que, si usted considera astuto el hecho de aprovechar una crisis como la actual para “beneficiarse” sin que esté realmente afectado, es fundamental que comprenda que está perjudicando a otras personas y empresas más de lo que ya están afectados y que este comportamiento empeora la situación. 
  • En cualquiera de los tres grupos, es importante revisar el presupuesto personal y familiar, esto es, en términos sencillos, un listado detallado de los ingresos y los gastos periódicos. De no tenerlo, es esencial construirlo lo antes posible pues proporciona claridad sobre la situación financiera. Este presupuesto es indispensable para poder realizar un autodiagnóstico financiero y ubicar aquellas cuentas que pueden ser intervenidas.  Sugiero, luego de listar los ingresos, agrupar los egresos según la importancia para usted o su familia, partiendo de las necesidades fundamentales y dependiendo de si los gastos son fijos o variables y si son obligatorios o discrecionales. 
  •  Luego de tener claros los gastos, y de nuevo independiente de si su ingreso se vio o no afectado, debemos entender que durante la cuarentena hay modificaciones en el comportamiento de los gastos. Es decir, algunos gastos disminuirán y otros incrementarán y, por tanto, es necesario ajustar el presupuesto de acuerdo con estas variaciones.o Algunos ejemplos de gastos que tienden a disminuir: Transporte (transporte público, gasolina, etc.), recreación (viajes, cine, conciertos, teatro, etc.), comidas afuera, algunas compras (vestuario, accesorios, regalos, gastos hormiga, etc.), entre otros.

    o Otros gastos tienden a aumentar: Mercado (comida, medicamentos y productos de aseo e higiene), energía, acueducto y alcantarillado, gas, domicilios, telefonía celular, suscripciones, entre otros.

  • Luego de realizados los ajustes, muchos de ellos con base en estimaciones, pues no pasamos por una coyuntura con precedentes, es muy importante verificar que los ahorros en algunos de los gastos sean suficientes para cubrir los incrementos en otros. Es decir, que más que afectar nuestro gasto total, este se reconfigure o incluso mejor si logramos que los ahorros superen los incrementos.
  • Momentos como este sirven para identificar y cuantificar los llamados gastos hormiga, que no son más que pequeños gastos del día a día de las personas y las familias, que, por su monto, no son normalmente incluidos en el presupuesto, pero que su frecuencia hace que representen un gasto total importante para el periodo. Pueden ser pequeños placeres, costumbres, vicios o incluso cosas innecesarias, pero también pueden ser gastos a los que no estemos dispuestos a renunciar, importantes, pero que deben ser presupuestados. El café durante el día, máquinas expendedoras, parqueaderos, fruta y otros alimentos no traídos de casa, mesada u otros dineros entregados a los hijos, propinas, apuestas (loterías, chance u otros), copias, taxis, comisiones, son solo algunos ejemplos. Como la mayoría desaparecen en cuarentena, es buen momento para establecer su monto, por lo menos aproximadamente, e incluirlos en nuestro presupuesto cuando todo mejore. Cabe mencionar que aquí encontramos una fuente de ahorro en medio de la crisis, que debemos aprovechar porque, en teoría, el dinero destinado a los gastos hormiga debería ahora “sobrarnos”.
     
  •  Si el ingreso personal o familiar sí se ve afectado, entonces hay dos recomendaciones importantes. Primero, en la revisión del presupuesto familiar y personal, y luego de ubicar los gastos que incrementan y aquellos que disminuyen y de incorporar los ahorros de los gastos hormiga, es posible que, aun teniendo un balance entre estos (ahorros igual a incrementos), si el ingreso disminuye no sea posible cubrir todos los gastos como antes. Así las cosas, y luego de que los gastos sean priorizados según la importancia para la familia, es necesario identificar aquellos que pueden aplazarse, o incluso eliminarse, durante la coyuntura. Si aun con el aplazamiento o eliminación de algunos de los gastos (aquellos en los que esto sea posible, por supuesto), todavía hay déficit producido por la afectación de los ingresos, la segunda recomendación es buscar recursos para cubrir dicho déficit y, para esto, hay también dos fuentes que considero merecen ser tratadas de manera independiente:o La primera fuente de recursos cuando hay déficit debería ser el fondo de emergencias o imprevistos o las también llamadas reservas. Este fondo tendría que estar presente en cualquier plan financiero personal o familiar y los aportes al mismo deben hacer parte de los gastos periódicos presupuestados, con una prioridad considerable. A medida que pase el tiempo, el fondo de emergencias irá incrementando y permitirá solventar aquellos imprevistos pasajeros (enfermedades, daños en el hogar, vehículos varados, etc.) o emergencias inesperadas como la que hoy nos convoca. No hay que tener temor a utilizar estos recursos, juiciosamente, para cubrir las necesidades durante la pandemia, pues precisamente para situaciones como esta es que se conciben. Y, si no se tienen, al ser ya conscientes de su importancia, no se debe “llorar sobre la leche derramada”, sino aprovechar para incluirlos dentro del presupuesto, cuando todo se normalice (aunque personalmente considero, y tal vez lo espero, no volveremos a la anterior “normalidad”), como uno de los aprendizajes y numeral en la lista de tareas.

    o Si la alternativa anterior se agota, o simplemente no existe, la financiación es otra manera de cubrir los déficits temporales producto de la crisis. El endeudamiento con entidades financieras, cooperativas, fondos y otras entidades se constituye en una posible solución, pero bien manejado. Se debe evitar el endeudamiento informal, como por ejemplo con “natilleras”, que, aunque tal vez con buenas intenciones, constituyen alternativas de alto costo (el estándar se ha mantenido en 5% mensual de interés en muchas de ellas) y, sobre todo, con agiotistas que ofrecen soluciones rápidas con créditos gota a gota, paga-diarios u otros nombres con los que se conocen estas alternativas no formales de endeudamiento, que parecen no exigir garantía real, pero tienen la mayor de las garantías que alguien podría entregar. Además, tienen tasas de interés que superan ampliamente la tasa de usura (tasa máxima permitida por ley) y que hace que sean fácilmente impagables. Un buen historial crediticio permite acceso a créditos en el mercado regulado y, aun ahí, hay que hilar delgado. No se recomienda utilizar, como primera opción, las alternativas de financiación que se presentan como las más expeditas, pero que tienen la mayor tasa de interés del mercado. Las tarjetas de crédito y los sobregiros representan dos de las más rápidas, pero también las más costosas, pues su tasa de interés se ubica apenas por debajo de la tasa de usura. Estas opciones de financiación suelen diferirse a muchos meses para disminuir el valor de las cuotas mensuales, pero utilizarlas inadecuadamente tendrá efectos en sus finanzas personales para el mediano y largo plazo. En su reemplazo, sugiero evaluar otras alternativas de financiación, también con entidades financieras y fondos, pero con menor tasa de interés. Algunos ejemplos son los créditos con fondos de empleados o cooperativas, créditos de libranza, líneas de crédito de libre inversión, incluso en bancos, pero con tasas muy inferiores a las tarjetas de crédito o sobregiros, entre otras. Para el caso de obligaciones con tarjeta de crédito, algunas entidades también están ofreciendo la posibilidad de rediferir la deuda a un nuevo número de cuotas, pero esto solo lo recomiendo como último recurso, dado su alto costo. Lo anterior sin desconocer que, en muchos casos, ya se han anunciado disminuciones representativas en la tasa de interés de algunos productos financieros, lo que haría viable alguna de estas opciones. 

 
  • Continuando con los gastos que pueden suspenderse o aplazarse, como medida de emergencia ante un ingreso afectado, es muy importante también informarse sobre las diferentes medidas económicas, mecanismos de apoyo, alivios y alternativas que están siendo analizadas y anunciadas por el gobierno y entidades financieras, que podrían representar algún ingreso para ciertas personas o maniobrabilidad para obligaciones adquiridas. Varias entidades financieras notificaron ya la posibilidad de congelar las cuotas de ciertos créditos hasta por tres meses, e incluso por tres meses adicionales, para el caso de créditos hipotecarios. Aquí vale la pena resaltar que lo normal no es que los intereses se eliminen, sino que el flujo de caja mensual se alivie. Esto se conoce como periodo de gracia, periodo en el que las cuotas no se pagan, sin que se generen reportes a centrales de riesgo o intereses de mora y, luego del cual, normalizada la situación, se acordará con la entidad financiera la manera de amortizar estos pagos y sus intereses, de forma que sea factible para el cliente. Como cada caso es particular, debe haber comunicación con el banco y petición directa de alternativas, aunque muchas están aplicando automáticamente o pueden ser solicitadas en línea o en la sucursal virtual de la entidad. Así mismo, hay que analizar obligaciones o egresos en los que pueda haber negociación, solicitud de prórrogas sin consecuencias, suspensión u otras medidas alternativas (impuestos, arrendamientos comerciales, aportes a pensión voluntaria, entre otros).
  • Aunque suene redundante, recuerde que las soluciones no pueden convertirse en problemas mayores y de más largo plazo. Es decir, como el ingreso se vio afectado, entonces la solución “fácil” es pasar la tarjeta de crédito a 12, 24 o, incluso, 36 cuotas… Con los altos intereses de las tarjetas de crédito, la “medicina” puede ser peor que la “enfermedad” y generar una crisis financiera personal que, después del COVID-19, va a durar mucho tiempo. Luego de la pandemia, saldrán con más obligaciones financieras y una pesada carga de deuda, altas tasas de interés y compromisos de flujo a muy largo plazo. 
  •  El aspecto emocional es también vital. Una crisis y sus consecuencias afectan la manera en la que tomamos decisiones, muchas de ellas de manera irracional, producto del miedo, de la ansiedad y de la angustia, por lo que hay que evitar compras impulsivas (papel higiénico en exceso, solo para poner un ejemplo muy documentado). Hasta ahora, y en términos generales, aunque ha habido incremento en el precio de algunos productos, no hay desabastecimiento, por lo que comprar de manera responsable y pensar en los otros es decisivo. Desde el Gobierno el mensaje es de tranquilidad en cuanto a la disponibilidad de medicamentos, alimentos y elementos de aseo e higiene personal. Estas coyunturas pueden jugar con la mente de las personas, por lo que debemos encontrar un buen balance entre no comprar cosas innecesarias a través de canales alternativos y apoyar a los emprendedores y empresarios, si es factible.
  •  Pero para los afectados las posibles soluciones no solo se concentran en los gastos, pues las grandes crisis son también generadoras de creatividad y pueden sacar lo mejor de las personas. Muchos independientes, pequeños emprendedores o incluso medianas y grandes empresas se han visto obligados a “pensar fuera de la caja”, a reinventarse, a cambiar su modelo de negocio y a encontrar caminos para mantener o generar ingresos, que tal vez no hubieran buscado de otra manera. Desde entrenadores que pasaron de dirigir clases a una decena de personas en un gimnasio a conectarse con cientos de manera remota y aprovechar un creciente nicho de mercado, hasta restaurantes que no tenían domicilios y se adaptaron a este nuevo canal que, seguramente, mantendrán postcrisis, son ejemplos de efectos secundarios positivos y de aprovechamiento de oportunidades. Hoy debemos preguntarnos sobre las posibles modificaciones en la manera de acceder a los ingresos, comercializar productos o prestar servicios. Muchas personas y empresas están buscando alternativas diferentes para hacer lo que hacían antes de la cuarentena, y algunos mantendrán estas modificaciones y encontrarán nuevas ideas de negocio y oportunidades, que, tal vez, sean mejores que las anteriores.
  •  Con respecto a cuentas de ahorro, fondos de inversión colectiva (antes llamados carteras colectivas, fiducias, fondos de inversión, etc.) y otras alternativas de inversión, como fondos de empleados, fondos de pensión voluntaria, portafolios con acciones, bonos, divisas, entre otros activos financieros, un llamado a la reflexión y a la calma es fundamental. Hay muchas personas que, movidas por cadenas en redes sociales y por mensajes que muchas veces desinforman, corren a liquidar inversiones o a guardar efectivo en casa, generando ahí sí un problema adicional en el sistema financiero. Circularon noticias y mensajes que, literalmente, mandaban a los colombianos a retirar todo el dinero de sus cuentas y a liquidar sus inversiones. Estas noticias entregadas de manera ligera generan pánico en la gente y hacen que se tomen decisiones apresuradas. En momentos de crisis mundial, es normal que se presente volatilidad en algunas inversiones (posiblemente en todas), es decir, que el valor de estas varíe (negativa y positivamente) en mayor grado y mucho más rápidamente. Es también normal que, superada la crisis, estas alternativas se estabilicen y se recuperen e, incluso, se valoricen. Ya sucedió durante el mes de marzo con uno de los fondos de inversión colectiva a la vista más conocidos en la región, del que muchos colombianos retiraron sus recursos, fruto de la desinformación y de que exhibieran desvalorizaciones durante algunos días del mes. Esta alternativa presentó, a cierre de marzo, un valor de unidad que superó aquel de comienzos del mes. Es decir, en palabras simples, no hubo desvalorización alguna durante marzo y aquellas personas que corrieron a liquidar sus inversiones, no hicieron otra cosa que materializar las pérdidas que, de otra manera, no se hubieran materializado (yo incluso pensé que la recuperación iba a tardar un poco más). Con alternativas más riesgosas como las acciones o las divisas es fundamental tener claros varios aspectos antes de tomar decisiones: el plazo de la inversión (si es de corto o de largo plazo), el uso planeado de los recursos, la aversión al riesgo de cada persona o familia (qué tanto riesgo están dispuestos a asumir), el conocimiento sobre el producto y su comportamiento en momentos de alta volatilidad, entre otros. Hay que informarse muy bien antes de tomar decisiones de este tipo. Para poner un ejemplo, muchos inversionistas salieron despavoridos a retirar sus inversiones (aun aquellas que tenían planeadas para muy largo plazo) en medio de la crisis hipotecaria en Estados Unidos en 2008 y realizaron sus pérdidas, para ver, poco tiempo después, una de las más impresionantes recuperaciones en la historia de los mercados financieros. Nadie sabe lo que va a suceder, por eso mi recomendación no es sobre qué decisión es la correcta, sino sobre la información y su fuente, como base para la toma de dicha decisión. Otro gran aprendizaje para muchas personas, con esta crisis, es que tenían alternativas de inversión con un riesgo mucho mayor al que pueden aceptar. Para algunos es, incluso, una oportunidad de adquirir activos a precios bajos.
  • Por último, y de nuevo desde la solidaridad, si usted no se está viendo afectado de manera importante, no le hace falta nada, puede cubrir sus gastos y tiene ahorros e inversiones y le nace ayudar a personas y familias, muchísimas, que sí están altamente afectadas, piénselo… la generosidad y la empatía son valores esenciales y mucho más en la actual contingencia.  Y si no puede hacerlo con dinero o cosas materiales, comparta tiempo, conocimiento o experiencias.
 
 
Vale la pena aclarar que las anteriores recomendaciones y reflexiones no son excluyentes y que, seguramente, hay muchas otras que pueden incorporarse, pero espero que las listadas sean útiles para algunos y se constituyan, en cuanto menos, en una invitación a dedicar un tiempo para organizar sus finanzas personales y familiares y ayuden en la toma de decisiones financieras en momentos difíciles como el actual. Estoy más que seguro que de esta crisis saldremos fortalecidos y creceremos en todo sentido (como personas, como profesionales, como ciudadanos, como sociedad). Hay ocasiones en las que las personas requerimos disrupciones como la que se ha presentado para aprender, para crecer y para entender que hay cosas que son importantes, y el manejo adecuado de las finanzas personales es solo una de ellas, sobre todo considerando que no son para nada alentadores los datos de analfabetismo financiero en Colombia. Si terminada esta crisis, salimos entendiendo y manejando mejor nuestras finanzas personales y familiares y transformamos la manera en la que tomamos algunas decisiones financieras, sin duda alguna ahí también habrá ganancia. 
 
 

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